Dolorosa derrota en el clásico provincial: dominio manudo, premio visitante

En una hermosa tarde en el Llano de Alajuela, los primeros diez minutos fueron de tanteo, con ambos equipos midiendo fuerzas en un clásico provincial siempre intenso.

Al minuto 15 comenzaron las emociones. Alajuelense exigió al portero visitante, pero el juego se trabó en el medio campo, con mucho roce y pocas llegadas claras a marco. El rival, fiel a su estilo, buscó constantemente cortar el ritmo, administrando cada segundo y provocando interrupciones, bajo la dirección de su técnico interino, Soto Molina.

La primera gran ocasión del partido llegó al 40’, cuando en un balón parado, Ortega reaccionó con seguridad y envió al córner. Sin embargo, en ese mismo tiro de esquina, un remate se desvió en la mano de Toril, sancionándose penal para la visita. Marcel Hernández lo ejecutó con éxito y, lamentablemente, celebró con gestos provocadores hacia la afición, acción que solo fue castigada con amarilla, pero que en otros escenarios podría haber significado la expulsión.

En el segundo tiempo, Óscar “Machillo” Ramírez movió sus fichas: ingresaron Matarrita por JP Ruiz y Creichel Pérez por Lucumí para refrescar el ataque. Al 48’, un tiro de Piñar salió apenas desviado y, en el córner siguiente, Walker protagonizó un paradón que evitó el empate.

La más clara para la Liga llegó minutos después, cuando Toril, completamente solo, cabeceó a las manos del guardameta. Al 63’, un frentazo de Michel fue contenido nuevamente por Walker, figura indiscutible del visitante. Dos minutos después, un cabezazo de Suárez se estrelló en el vertical, en medio de un dominio rojinegro que ya era apabullante.

Pese a ello, Herediano siguió interrumpiendo el juego con pérdidas de tiempo y supuestas lesiones. Walker fue amonestado por demorar, pero la dinámica no cambió. El Macho dio ingreso a Moya por Michel, decisión recibida con silbidos por parte de la afición.

El cierre del partido se volvió frustrante. El visitante no dejó jugar y el árbitro Benjamín Pineda perdió el control, permitiendo que el tiempo se escapara sin mayores consecuencias para los infractores.

El pitazo final confirmó una derrota dolorosa para la Liga, que con una victoria habría alcanzado la cima del torneo. La molestia de la afición fue evidente: dominio total, pero sin premio.

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