Nos duele… porque la Liga siempre duele

No era una final de campeonato. No definía una estrella. Pero cuando juega Alajuelense, cada partido importa. Y perder un título, por pequeño que algunos quieran hacerlo ver, siempre deja ese vacío que solo entiende el liguismo.

La Supercopa se nos escapó en el Fello Meza.

Desde el arranque Herediano salió a proponer más, a meter intensidad y a intentar golpear primero. La Liga aguantó el vendaval inicial y poco a poco fue encontrando espacios.

La primera emoción rojinegra llegó al minuto 12. Yeison Molina se elevó como un gigante en un tiro de esquina, pero el cabezazo se fue apenas desviado. Tres minutos después, Creichel sacó un bombazo de larga distancia que obligó al arquero florense a vestirse de figura.

El primer tiempo terminó sin goles, pero con la sensación de que el partido estaba para cualquiera.

Para el complemento llegaron Celso Borges y Ángel Zaldívar. La intención era clara: darle más personalidad al equipo y buscar ese gol que nos acercara al primer título de la temporada.

Cuando Herediano encontró espacios apareció Washington Ortega. El uruguayo ganó un mano a mano espectacular al minuto 59 y nos mantuvo con vida cuando muchos ya cantaban el gol.

Después ingresó John Paul Ruiz y casi cambia la historia. Al 73 quedó mano a mano frente al arquero, pero otra gran intervención nos ahogó el grito que ya muchos teníamos atravesado en la garganta.

Si hay alguien que merece reconocimiento esta noche es Yeison Molina. Partido enorme. Fuerte en la marca, seguro por arriba y dejando todo en cada balón. Fue, sin discusión, el mejor jugador de Alajuelense.

Pero el fútbol no siempre premia al que más lucha.

Al minuto 81 llegó el golpe. Una jugada preparada en un tiro libre, la barrera se abrió y el remate rastrero terminó besando la red. Un silencio pesado cayó sobre la afición manuda. De esos silencios que solo aparecen cuando el fútbol te pega donde más duele.

La Liga lo intentó hasta el final, pero ya no hubo tiempo para reaccionar.

Sí, duele perder. Duele porque somos Alajuelense y este escudo obliga a competir por absolutamente todo. Habrá cosas que corregir, mucho trabajo por delante y seguramente críticas que hacer, pero también hay que recordar que esto apenas comienza.

Los títulos no se ganan en julio, pero sí se aprende de las derrotas de julio.

Hoy nos vamos golpeados. Con cólera. Con frustración. Porque así vivimos este escudo.

El domingo terminó con un sabor amargo.

Pero el próximo partido… ahí volveremos a estar.

Porque eso hacemos los manudos.

Nunca dejamos sola a la Liga.

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